Índice de Contenidos
Si usted ha oído o leído cientos de veces que Rosario Porto le dijo a su ex marido Alfonso Basterra: “Tú y tus jueguecitos… ¿Te ha dado tiempo a deshacerte de eso?”, tal vez le sorprenda saber que esa parte fue inventada. Enlace Es completamente falsa y fue emitida el 30 de octubre del 2013 como una reveladora y fiel transcripción en el programa matutino de una tal Susana Griso y reproducida el mismo día por todos los demás medios, incluida nuestra televisión pública. Desde entonces ha sido repetida hasta la saciedad.
“Probably the most serious episode in the whole matter of the conversations in the prison cells is how one television station quite literally invented some sentences; if they had been used in the trial they would have been exceedingly incriminating, although if the conversations had been used in trial it would immediatly have become obvious that this part was an invention.
The programme in question was broadcast in October 2013; they used actors to recreate the conversations and quite simply added the following dialogue on, which does nos appear in either the oficial police transcription or in any other part of the conversations that they did not transcribe. Rosario and Alfonso supposedly said,
R: You and your little games. Did you have time to get rid of that? A: Shut up, they might be listening to us.
The first and last of these three sentences are purely ficticious, while the second one is an adaptation of what Rosario did say: “You didn’t have time to do that, did you?” The problema is that these sentences were then taken as an accepted truth and repeated ad infinitum in the newspapers and magazines and on the televisión (even on the National News on TVE-1, on 30 October 2013).”[i]
“It is highly unlikely, or rather imposible, that the Civil Guard would have deleted these sentences from the recordings, especially as they point towards some kind of guilt in Alfonso. If they has wished to delete any possible reference to sexual games with Asunta, they would also have eliminated the part about his ‘dirty imagination’. I contacted the television broadcaster in question and asked them if they could tell me where they had come across these sentences or whether they had simply invented them for dramatic effect, bur received not answer.”[ii]
“Probablemente el episodio más grave de todo el asunto de las conversaciones en los calabozos es cómo un canal de televisión literalmente inventó algunas frases; si se hubieran utilizado en el juicio, habrían sido sumamente incriminatorias, aunque si las conversaciones se hubieran utilizado en el juicio, inmediatamente habría resultado obvio que esta parte era una invención.
El programa en cuestión fue emitido en octubre de 2014; utilizaron actores para recrear las conversaciones y simplemente agregaron el siguiente diálogo, que no aparece ni en la transcripción oficial de la policía ni en ninguna otra parte de las conversaciones que no transcribieron. Rosario y Alfonso supuestamente dijeron,
R: Tú y tus jueguecitos. ¿Te ha dado tiempo a deshacerte de eso? A: Cállate, que a lo mejor nos están escuchando.
La primera y última de estas frases son puramente ficticias, mientras que la segunda es una adaptación de lo que sí dijo Rosario: “No tuviste tiempo para hacer eso, ¿verdad?”. El problema es que estas frases fueron tomadas como una verdad indiscutida y repetidas ad infinitum en los periódicos y revistas y en la televisión (incluso en el Telediario Nacional de TVE-1, el 30 de octubre de 2013).”
“Es muy improbable, o más bien imposible, que la Guardia Civil hubiera borrado estas frases de las grabaciones, sobre todo porque apuntan a algún tipo de culpabilidad de Alfonso. Si hubieran querido borrar cualquier posible referencia a juegos sexuales con Asunta, también habrían eliminado la parte sobre su ‘sucia imaginación’. Me puse en contacto con la emisora de televisión en cuestión y les pregunté si podían decirme dónde habían encontrado estas frases o si simplemente las habían inventado para lograr un efecto dramático, pero no obtuve respuesta.”
El truco
Resulta que el juez instructor deseaba sonsacar al sospechoso alguna información comprometedora sobre Rosario o él mismo, pero éste, por consejo de su abogado, se negó a prestar declaración; un consejo sensato, teniendo en cuenta que en unas horas pasaría de testigo a imputado y que nadie tiene obligación de declarar cuando se investiga a un familiar. Así que al juez se le ocurrió un ingenioso truco: hizo detener a Alfonso Basterra y lo llevó puso en un calabozo junto al de su mujer, con una autorización para la “sonorización de calabozos”, o sea, para grabar todo lo que se dijeran.
Tenía cierta prisa por oír cantar a Alfonso Basterra, ya que lo ordenó con un auto en que faltaba la fundamentación, por tanto, nulo de pleno derecho. Una semana después lo ‘arregló’ con un segundo escrito. Enlace
La audiencia de A Coruña anuló la grabación por vulneración de la intimidad: “no se cumplieron los requisitos marcados en la jurisprudencia constitucional”, “ni la ley de enjuiciamiento criminal ni la ley general penitenciaria dan amparo legal a la grabación de conversaciones de detenidos en calabozos policiales cuando solo existen meras hipótesis objetivas”. Enlace Los acusados habían manifestado que no querían declarar en sede policial, pero su derecho fundamental a guardar silencio no fue respetado.

Estas conversaciones “no podrán acceder de modo alguno al procedimiento” acordó la audiencia provincial, pero el empeño del juez instructor no fue en vano: cualquier miembro del jurado tuvo ocasión de oírlas o leerlas cientos de veces antes de ser seleccionado. Y encima, con arreglos y mejoras de todo tipo.
(Miércoles, 25 de septiembre, calabozos de la guardia civil en A Coruña)
Rosario: Alfonso.
Alfonso: Sí.
R.: No pueden oírme.
A.: Ya te veo.
(En realidad Alfonso no puede ver a Rosario, lo que quiere decir es “ya lo veo” o “ya me doy cuenta”.)
R.: ¿Eh?
A.: No te preocupes, todo va a salir bien.
R.: Claro.
A.: Sé fuerte.
R.: Claro.
A.: Somos inocentes, no hemos hecho nada, tranquila.
R.: Claro.
A.: ¿Okey, okey, okey?
R.: Okey.
A.: Tranquila, toda va a salir bien, y volveremos a casa, tranquila.
R.: ¿Quién puede estar haciéndonos esto?
A.: No lo sé, nena. Pero por eso mismo hay que tener mucha calma. Yo te quiero y tú me quieres.
R.: Eso es lo más importante pero el problema es… que tienen que tener… no sé.
A.: Calma. ¡Calma! Descansar y ser fuerte.
R.: No te dio tiempo a eso, ¿verdad?
A.: ¿Eh?
R.: No te dio tiempo.
(Según explicó más tarde, Rosario había pedido a su ex que borrara de la bandeja de entrada todos los correos electrónicos entre ella y su amante.)
A.: No. (pausa) Deja la mente en blanco. No pienses en nada ni en nadie. Y esa es la mejor forma de estar relajada.
R.: ¿Cómo no voy a pensar en la niña, Alfonso?
A.: Sssh. (pausa) (gemido de Rosario) No. Esa no es la actitud.
R.: Esto no es justo.
A.: Ya lo sé que no es justo. Pero todo se va a aclarar.
R.: Pero Asunta no vuelve, Alfonso.
A.: ¿Cómo?
R.: Que Asunta no vuelve, Alfonso, que no vuelve.
A.: Ya lo sé, Charo, ya lo sé.
R.: Que encuentren al culpable me importa mucho, pero lo que yo quiero es a Asunta.
A.: Ya lo sé, mi vida, ya lo sé, tranquila.
A.: Me estoy rompiendo entera.
(No es cierto que cuando se encuentran en el calabozo no digan una palabra de la hija recién muerta porque sólo se preocupan de ellos, como escribió algún conocido periodista,.) Enlace
Imaginación calenturienta
(Jueves, 26)
A.: Aprovecha para dormir un poco, nena.
R.: No soy capaz de sentarme.
A.: Ya. Tarde o temprano caerá.
R.: ¿Qué?
A.: Tarde o temprano caerá.
R.: Claro que caerá.
A.: No tengo ni la más mínima duda. Y mañana… igual ya salimos en libertad provisional o alguna cosa así.
R.: Pero luego va a haber un juicio, Alfonso.
A.: ¿Eh?
R.: Que va a haber un juicio.
A.: Bueno; pero, si encuentran al culpable, no. Y lo encontrarán. Entonces no habrá juicio. Habrá juicio para él, no para nosotros. Irá a la cárcel toda su vida. No digas nada inconveniente porque sabes que nos están grabando.
(El abogado ha advertido a Basterra sobre esta posibilidad.)
R.: ¿Perdón?
A.: Que no digas nada inconveniente porque nos graban.
R.: Ya, bueno. ¿Y qué voy a decir inconveniente, Alfonso?
A.: No, ya lo sé, nada. Por supuesto que no. Nada, mi vida. Pero cualquier… cualquier cosa que digamos o hagamos, ya has visto. Te lo toman como… ¿eh?
R.: Vale.
A.: Yo lo digo por eso.
R.: Ya, pero tu imaginación calenturienta nos va a generar, nos va a generar muchos problemas.
A.: ¿Cómo?
R.: Tu imaginación calenturienta, que nos va a generar muchos problemas.
A.: Bueno. Pues, por eso…
R.: Muchos.
A.: silencio.
(Se ha destacado que Alfonso pida “silencio” tras la frasecita de la “imaginación calenturienta”, pero justo un momento antes de esa expresión él ya había advertido a su ex de que no dijera nada inconveniente.)
R.: Y que yo ahogue en casa cuanto insecto había con un cojín, no quiere decir que vaya ahogando a la gente con cojines.
A.: Pues claro que no, mi vida.
R.: Pero, fíjate la que has montado.
A.: Claro, como no tienen otra cosa, dicen, ¿sospechosos?… ¡Los padres!
R.: Ya, pero…yo fui tan tonta que todas las cosas que tú me mandabas para… quería que entrases en razón, hacerte ver el daño que me hacías.
A.: Ya.
R.: Innecesariamente, Alfonso.
A.: Ya lo sé. Bueno, ya está.
A.: Innecesariamente, Alfonso. Y te repito que yo maté arañas a cojinazos. Y que hiciese muchas risas… como que las ahogaba… no significa que… Y que luego tú me hicieses también… no significa que vayamos…
A.: Ya lo sé. Ya lo sé.
(Hablar de “imaginación calenturienta” nos hace pensar en perversiones sexuales, pero en realidad se está refiriendo a otra cosa, a los mensajes que Alfonso envió a Rosario durante el divorcio. Ella pretende que son esos reproches los que llevaron a la policía a sospechar de ella, porque la dejaban en mal lugar y Alfonso la acusaba de quererlo ahogar con un cojín, tal como dice la autopsia que murió Asunta.)
A.: Bueno, ahora tranquilicémonos y dejemos que actúen y que trabajen.
R.: ¿Pero me entiendes?, ¿sabes?, de todas esas cosas, pueden dar lugar a pensar sabe Dios qué…
A.: Claro. No. Pero no pasa nada, no hay nada.
(Alfonso todavía no sabe que la guardia civil ha descubierto una prueba irrefutable de que Rosario se lleva a la niña en el coche, una notoria falsedad en la declaración de Rosario. Se enterará tras ingresar en la cárcel.)

R.: ¿Y lo otro, Alfonso, lo otro?
A.: No hay nada.
(“Lo otro” se refiere al engaño con un tercero casado.)
R.: Siento haberte hecho tanto daño.
A.: No pasa nada. El pasado pasado está, nena. No tienen nada, eso es lo que pasa. Y nos están presionando a ti y a mí. A mí también me han presionado, ¿qué te crees?
R.: Que si no tuviesen nada, yo no estaba aquí, y tú tampoco.
A.: Nada. Bueno, pues… tú misma. No tenemos nada que ocultar ninguno de los dos. Estate tranquila, mi vida. Y mañana se lo diremos al juez así, ¿vale?
R.: Estoy de todo menos tranquila, Alfonso.
A.: ¿Eh?
R.: Que estoy de todo menos tranquila.
A.: Bueno. Calma. Venga.
R.: No, calma no, porque yo no quiero ir a una cárcel, ¿sabes? Tengo mucho miedo.
A.: Y yo también tengo miedo, Charo, ¿qué te crees? Lo que no podemos, y es lo que están pretendiendo, es perder la confianza el uno en el otro. Yo sigo manteniendo…
R.: ¿Perdón?
A.: que tú eres inocente.
R.: ¿Perdón?
A.: Y tú debes seguir manteniendo que yo soy inocente…
R.: Espera, que no te oigo.
A.: porque lo somos. ¿De acuerdo? Mañana hay que decir lo justo. Lo necesario. Lo que quiere oír el juez, nada más.
Palabra de honor
Pese a las interpretaciones de la prensa, Alfonso no propone a Rosario un pacto de silencio, sino un pacto de confianza: no perdamos la confianza mutua, no empecemos a acusarnos el uno al otro, digamos al juez la verdad, sólo la verdad, sin liarnos con otros asuntos privados que no vienen a cuento, porque ese es el mejor camino para salir pronto de esta situación. En realidad, Alfonso le está repitiendo el consejo que le ha dado su abogado, el mismo que dan todos los abogados a todos los detenidos. Enlace
Se ha hablado de la frialdad, la falta de emoción, en la voz de Alfonso. Tal vez él sea una persona que no manifieste mucho sus sentimientos. Yo me inclino a pensar que en esos momentos él actúa como protector, quiere ayudar a Rosario y adopta su acostumbrado papel de cuidador, por eso no expresa miedo o preocupación.

Hay una parte de esas grabaciones que fue omitida, y sin embargo podría resultar clave para dilucidar una importante cuestión. No aparece en la transcripción oficial de la guardia civil ni se menciona en el juicio ni en ninguna de las abundantes filtraciones a la prensa. Todo lo que favorecía a los acusados era irrelevante para la investigación. Rosario habla con tranquilidad.
(Tercera grabación, noche del jueves, 26)
Rosario: Vale. Una cosa, Alfonso.
Alfonso: ¿Qué, mi vida?
R.: ¿Tú no saliste en toda la tarde de casa?
A.: No, qué va, tranquila.
R.: Estás seguro, ¿verdad?, Alfonso.
A.: Te doy mi palabra de honor, nena. Tienes mi palabra de honor, Charo, que no salí de casa.
Si Rosario hace esta pregunta e insiste, es porque no sabe si Alfonso ha salido. Si se hubieran juntado en pleno centro de Santiago de Compostela para meter a la hija en el coche, este breve diálogo no tendría sentido. Una prueba más de que la testigo se confundió y de que no existió un plan conjunto entre los padres. Debo esta interesante observación a la perspicacia y cuidadosa labor de Mark Guscin.[iii]

Bibliografía
[i] Mark Guscin, 2018, p. 123.
[ii] Mark Guscin, 2018, p. 124.
[iii] Mark Guscin, 2018, p. 131.


