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Alfonso Basterra y Rosario Porto fueron condenados a 18 años de cárcel por sedar y asesinar a su hija adoptiva Asunta. Pero más tarde se introdujo un pequeño ‘matiz’ que no todo el mundo recuerda. En 2016 el tribunal superior de justicia de Galicia y más tarde el tribunal supremo corrigieron el veredicto del jurado y declararon como no probado que Alfonso Basterra hubiera acompañado a su ex mujer el día de autos; aun así, quedó igualmente condenado a los mismos 18 años de antes por planear el asesinato, colaborar y permitir que ocurriera, con el mismo grado de responsabilidad que la madre.
Esto debería llamar nuestra atención: primero mata con premeditación y luego no; no estaba en la escena del crimen, pero va a la cárcel igual por la premeditación, porque lo ha planeado y le achacan la misma responsabilidad.
Y la prensa, que recogía los más nimios detalles de la vida y circunstancias de los implicados, por ejemplo, que la madre acudió a la peluquería el día antes del asesinato, apenas hizo comentarios sobre este cambiazo, que calificó de ‘matiz’. ¿No resulta curioso?
Televisión Española, la que todos pagamos aunque nunca la veamos, dijo que la condena del tribunal supremo confirmaba el veredicto del jurado, pero en realidad lo corregía de plano. La pena era la misma, solo que, para el jurado, Alfonso había estado en el lugar del asesinato; para los jueces del tribunal supremo, Alfonso había planeado, había intervenido, pero no quedaba demostrado que hubiera estado allí. Esta corrección resulta aún más severa si tenemos en cuenta que toda la historieta del plan preconcebido para matar a Asunta fue construida para convencernos de que, efectivamente, tanto Alfonso Basterra como Rosario Porto habían participado en el asesinato con sus propias manos.

Se afirma en el auto de apertura del juicio oral que el asesinato de Asunta “responde a un plan premeditado, ejecutado de forma gradual, y que resulta imposible sin la participación, o al menos el consentimiento, de ambos imputados”[i].
“Alfonso afirma que no abandonó el domicilio de República Argentina, en toda la tarde, pero una testigo afirma haberlo visto sobre las 18:20 horas en la calle República de El Salvador. Son varios los indicios que apuntan a que Alfonso abandonó su domicilio.”[ii] “En cuanto al hecho de que Alfonso no haya sido registrado en ninguna cámara, ha de indicarse, que Alfonso sí trató de evitar dejar indicios, como se verá en diversos momentos. Su presencia en República de El Salvador apunta a que Alfonso salió de casa evitando las cámaras de seguridad, y trasladó a Asunta hasta el vehículo que Rosario sacaba del garaje. No fueron al garaje juntos, supuestamente porque Alfonso conocía las cámaras de General Pardiñas, por eso lleva a la niña donde las cámaras no le pueden ver. Pero acreditado que salió por una testifical, resultaría que tampoco está registrado su regreso al domicilio.”[iii]
“La autopsia indica que la hora de la muerte se produjo entre las cinco y las ocho. No pudo producirse antes de las 18:30 pues no tuvieron tiempo de atar a la menor, luego lo más probable es que se produjera en torno a las 19 horas.”[iv]
“Los indicios apuntan a la presencia de dos personas en el lugar del crimen. En primer lugar, se encuentran dos fundas vacías de mascarillas 3M. Se encuentra un par de guantes en el dormitorio donde presuntamente se cometió el asesinato, pero no pudieron ser utilizados pues todavía tenían el precinto. Sin embargo, las cuerdas utilizadas para inmovilizar a la menor no presentaban ADN alguno, luego fue atada por alguien que portaba guantes, dado que es imposible hacer nudos sin dejar células de la mano en la cuerda, lo que indica también la presencia de al menos dos pares de guantes en la habitación, lo que es indicativo de dos intervinientes.
El examen de la Policía Científica, realizado por dos agentes que recorrieron toda la casa de rodillas, no detectó que la menor fuese arrastrada, luego alguien debió ayudar a Rosario a mover el cadáver. El ADN de Rosario sí estaba en los papeles, lo que indica que ella no usaba guantes. Enlace ”[v]
Todo esto fue creído por el jurado, ciudadanos corrientes sin ningún conocimiento especial en derecho, que llevaban dos años oyendo mañana y noche que los padres eran perversos asesinos. Sin embargo, años después el tribunal supremo corrigió: no ha podido “pormenorizarse por entero la intervención del recurrente en el hecho”, “ante la inseguridad de que Alfonso Basterra estuviese en los asientos traseros del coche en que viajaban la madre y la hija, considera que no estuvo allí, pero tampoco descarta que pudiera haber estado en Montouto [la casa familiar] esa tarde, ante la ausencia de pruebas que lo excluyan”. Enlace
El tribunal superior de justicia de Galicia ya introdujo ese ‘matiz’: la madre de la víctima fue la que asfixió a la menor de 12 años sin la colaboración del padre. Enlace Aceptaron todos los hechos que el jurado declaró probados, a excepción de esto: sólo se podía situar a la madre en la escena del crimen. De los datos objetivos y contrastados no se desprendía que el padre subiese al coche de la madre ni que fueran los tres a la casa de campo.
Aun así, tanto el tribunal superior de justicia de Galicia como el tribunal supremo mantuvieron que, si la madre asfixió a la menor hasta la muerte, lo hizo cumpliendo un plan conjunto concebido meses atrás. El padre era culpable del mismo delito, ya que existía una trama urdida por los dos y actuaron en un plano de igualdad, por lo que la pena seguía siendo igual para ambos. Con todo, considerar cómo Alfonso Basterra fue condenado en un principio por asesinar personalmente a su hija, pese a la falta de pruebas y con la ayuda de argumentos descabellados, nos permite entender mejor la naturaleza de los juicios mediáticos y la incuestionable parcialidad de algunos juzgadores.

Una carga pesada
En primer lugar, Alfonso Basterra ‘debía de’ estar allí porque alguien tuvo que ayudar a Rosario Porto a mover el cadáver. Según datos recogidos en la prensa, y que por tanto no hace falta considerar rigurosamente exactos, Rosario Porto, de 44 años, que no practicaba deporte y fumaba diez cigarrillos diarios, pesaba 50 kilos Enlace al entrar en prisión (según otras fuentes, 46). Enlace Asunta Basterra, a punto de cumplir 13 años, medía 1,55 de altura y pesaba 42 kilos. Puede resultar difícil para una mujer menuda cargarla a hombros o llevarla en volandas, pero no imposible. La policía no hizo ninguna prueba para calcular las posibilidades de mover a una niña del peso de Asunta.
En Sacramento, California, una encantadora abuela de 59 años y unos 60 kilos, Dorothea Puente, Enlace trasladó el cadáver del corpulento Alberto Montoya, de unos 100 kilos, desde el segundo piso hasta el jardín por las escaleras, y lo enterró a un metro de profundidad sin que los inquilinos del primero se enterasen. Enlace
Y tal vez no hizo falta arrastrarla allí. Como el juez instructor afirma, no se conoce el lugar exacto del asesinato, se presume, es decir, se supone y sólo se supone, que fue en el dormitorio; la víctima estaba sedada y podía ser llevada con facilidad de un lado para otro. Tal vez fue asesinada en un suelo sin alfombras, en el jardín, o en el mismo coche, y desde allí tirada a la pista forestal. Auto de apertura de juicio oral: “el dormitorio donde presuntamente se cometió el asesinato”, “La intoxicación con loracepán, elemento que actuó para doblegar la voluntad de la pequeña, de forma que ésta pudiese ser trasladada contra su voluntad de un lugar a otro” Enlace [vi].
El conocido antropólogo forense Paco Etxeberria no descarta que las pequeñas lesiones en el cuerpo de Asunta Basterra fueran causadas por los movimientos para subirla, ya muerta, al vehículo y para bajarla desde el maletero o la parte trasera. También opina que una sola persona pudo hacerlo. Enlace
En una de las primeras resoluciones del juez instructor se considera “difícil” que Rosario mueva sola el cadáver: “dado el peso de la menor es difícil que Rosario pudiera haberlo hecho sola”[vii]. Más tarde, pasará a ser imposible. Y finalmente, con el tribunal superior de justicia de Galicia, se queda en posible. Cuando el abogado de Rosario Porto empezó a usar el argumento de que su cliente no había podido mover tanto peso sola, inmediatamente se olvidaron de esa consideración, antes válida contra Alfonso Basterra.
Visto y no visto
La acusación afirmaba que Alfonso Basterra salió de casa esquivando las cámaras, y acompañó a Rosario Porto para ayudarla en el crimen. Lo cierto es que no hay ninguna que recoja a Alfonso Basterra fuera de su apartamento o paseando por la ciudad. Si Alfonso Basterra hubiera querido abandonar su vivienda sin ser grabado para colaborar en un asesinato, sabiendo lo que se jugaba, jamás podría haber estado seguro de conocer la colocación de todos los dispositivos indiscretos. Y en el centro de Santiago de Compostela no escasean. Según fuentes de la policía: “En casi todos los rincones de todos los centros urbanos españoles es posible reconstruir los movimientos de cualquier persona analizando las videocámaras”. «Santiago es un plató de televisión.»Enlace Hay cámaras para controlar el tráfico, sobre los semáforos, dentro de las tiendas, aunque a menudo abarcan también a los que pasan por delante de los escaparates, otras situadas en el exterior de muchos establecimientos y en edificios públicos, algunas que recogen imágenes de 360 grados, y las hay ocultas.
Alfonso Basterra habría tenido que caminar de un modo errático para escabullirse ante la omnipresente vigilancia del hermano mayor, con bruscos cambios de dirección. Probablemente, ni aun así se habría sentido a salvo de una grabación inoportuna. Además, nada lo protegía de darse de bruces con o ser visto por cualquier conocido durante sus extraños virajes. ¿Y si al volver, una vez perpetrado el crimen, se hubiera encontrado con un vecino en el portal? ¿No le preocupaba eso al cauteloso Alfonso?

La guardia civil podría haber comprobado si era posible salir de paseo sin ser retratado por ninguna cámara, pero no se tomó la molestia. Tal vez eso hubiera supuesto tener que modificar algunos argumentos del esforzado juez instructor. La abogada de Alfonso Basterra preguntó a un agente en el juicio de qué forma salió Alfonso de su casa sin ser visto, pero la pregunta fue denegada por el magistrado-presidente “alegando que se trataba de una hipótesis”[viii]. Enlace Hipótesis, según el diccionario, “suposición de una cosa, sea posible o imposible, para sacar de ella una consecuencia”. Una hipótesis es, por ejemplo, que la policía trabaja con celo, que los juicios van en serio, o que no se condena a nadie por meras suposiciones, ni siquiera en juicios mediáticos.
Para el tribunal superior de justicia de Galicia la no admisión de esa y otras preguntas “carecen, ahora más, de relevancia porque no consta probada la presencia de B. [Basterra] en la casa de campo ni cómo fue o volvió sin ser visto”[ix]. Enlace Pero los miembros del jurado condenaron a Alfonso como asesino, convencidos de que había salido de casa para ayudar a Rosario y mover a Asunta. Si los agentes bajo las órdenes del juez instructor hubieran hecho bien los deberes, tal vez el jurado habría deliberado sobre la participación de Alfonso con otros datos y otras convicciones, lo que no habría carecido de relevancia para el reo. Con una información clara e irrebatible, tal vez el juez instructor no se hubiera atrevido a distorsionar tanto los hechos sobre los que pretendía fundamentar su auto.
No se sabe cómo fue ni cómo volvió, ni siquiera hay una prueba material de que hubiera abandonado el domicilio. Para colmo, no necesita acompañar a la madre. ¿Qué necesidad tenía ésta de ayuda para asfixiar a su hija previamente sedada y dejarla en una pista forestal? Y ya puestos: ¿le hacía falta a la madre la autoridad paterna para hacer tomar un refresco o un medicamento a su hija?
Todo el empeño en convencerse de que Alfonso Basterra, a quien hay que condenar, acompañó a su ex hasta el lugar del crimen, procede de la presunción, que sólo es una presunción, de que Rosario Porto, una mujer al fin y al cabo, no era capaz de hacer todo eso por su cuenta.
El asiento trasero
Sostenían los acusadores que Alfonso Basterra pudo ir agachado en el asiento trasero del coche donde viajaba Rosario Porto con su hija adoptiva, la víctima, porque en las imágenes de las cámaras no se ve si alguien ocupa el asiento posterior. Se puede suponer que Alfonso Basterra se escondía en el asiento de atrás pero también vale suponer que allí iba oculto un astronauta o dos vulcanólogos, cualquier persona que nos caiga mal.

Por tanto, una de las afirmaciones más curiosas en el veredicto del jurado es ésta: “no podemos descartar la presencia de Alfonso en el asiento trasero del mercedes en el que Rosario y Asunta se desplazaron a Teo [la casa de campo]. Iría detrás, de tal modo que no le captaran las cámaras de seguridad porque en ninguna se recogen imágenes de la zona trasera”. Enlace
No hay que probar que Alfonso Basterra fuera en el coche, es el acusado el que debe demostrar que no estaba agazapado en la parte de atrás ni pudo llegar de ninguna manera al lugar del crimen. (Sí, esto no es exactamente lo que dice el artículo 48 de nuestra ley fundamental.)
En un caso normal, un buen recurso habría conducido, como mínimo, a la repetición del juicio. Si el jurado afirma que no lo pueden descartar, es que entonces tampoco lo pueden afirmar. Y en caso de duda deben fallar a favor del imputado, es decir, deben considerar no probada la presencia de Alfonso Basterra en ese vehículo, por tanto, en la casa de campo. Enlace
“La sentencia del TSJG [tribunal superior de justicia de Galicia] admitió que se trataba de un ‘razonamiento poco racional’ e ‘incompatible con los criterios lógicos de la inducción asentada en hechos probados’.” Enlace Los miembros del jurado, legos en derecho, aceptaron este razonamiento poco racional e incompatible con la presunción de inocencia, pero, aunque se le haya olvidado, fue un juez instructor con mucha experiencia el primero que lo utilizó. Como Alfonso Basterra era culpable, seguro, entonces ‘debió de’ estar en el lugar del crimen.
Y aún cabe otra pega: si Alfonso Basterra era un supervillano que pudo caminar cautelosamente por la calle sin ser grabado y esconderse en la trasera del automóvil, ¿cómo es que permitió que la niña, que según la primera versión de Rosario se había quedado en casa haciendo los deberes, fuera sentada en un lugar visible para cualquiera? ¿Por qué no la recostaron o la metieron en el maletero?
Por cierto, en la grabación del vehículo donde viajan Rosario Porto y una “persona de baja estatura”, Asunta, no se puede distinguir si la niña tiene los ojos abiertos o cerrados, pero sí se percibe que no va ladeada, con la cabeza caída, como esperaríamos que se encontrara bajo los efectos del orfidal.
¿Y para qué acompañó Alfonso Basterra a Rosario, si luego la dejo sola, es decir, si no estaba allí para ayudarla a mover el cadáver?

“Otro indicio de que el traslado del cadáver se realizó en el Mercedes de Rosario, es la extraña actitud de ésta a la salida de la vivienda. El testigo que la ve, afirma que observa el coche parado delante de la casa y que al acercarse a él, le sorprende que lo encienda y avance. Rosario afirma que estaba esperando que se cerrase la puerta. Pero no es lógico que les diga que tiene que marcharse corriendo por que (sic) tiene a la niña sola en casa, cuando según su versión la niña iba a cenar a casa del padre, luego no había prisa.”[x] Enlace
Un vecino del chalé de Rosario testificó que, aproximadamente hacia las nueve menos cuarto, observa su mercedes verde con las luces apagadas ante el portón de la finca. Ella se acerca, baja la ventanilla del copiloto e intercambian una breve conversación sobre la leña para el invierno antes de despedirse. «Me voy, que tengo a la niña sola», cortó la charla ella. No parece tan llamativo que una madre, si de verdad ha dejado a su hija de casi 13 años sola en casa, se preocupe. Los investigadores suponen que en ese momento el cadáver estaba en el maletero o al pie de los asientos traseros tapado por una manta, pero las perras de este testigo, según él, no dieron ninguna señal de alarma ni mostraron nerviosismo.
También preguntaron al testigo si pudo ver a Alfonso agazapado en la parte trasera del vehículo, pero el vecino no miró más que a Rosario, con la que hablaba. El abogado de Rosario Porto encuentra extraño que ésta se parase si llevaba en el coche algo tan comprometedor.
Unos cinco minutos antes de esa conversación, cuando Rosario supuestamente va a trasladar en su automóvil el cadáver a la pista forestal, los repetidores registran una conexión desde el teléfono del padre, y lo sitúan en su apartamento, a unos 12 kilómetros del camino donde fue descubierto el cuerpo. La alarma del chalé se activa a 20:53:49, hora en que Rosario abandona el lugar, el móvil de Alfonso Basterra se conectó a las 20:47.
Así pues, ¿ayudó Alfonso Basterra a matar a su hija, pero dejó a la madre sola para cargar con el cuerpo? A lo mejor ese día le dolía la espalda. Tampoco se ha explicado qué medio usó para volver por su cuenta desde la casa de campo. ¿Tal vez volando?
El jurado se dejó llevar por sus corazonadas, por sus convicciones personales, por dos años de intensa campaña difamatoria. No dejes que la falta de pruebas te estropee un veredicto ejemplar.
Bibliografía
[i] Auto de apertura de juicio oral, p. 4.
[ii] Auto de apertura de juicio oral, p. 9.
[iii] Auto de apertura de juicio oral, p. 9.
[iv] Auto de apertura de juicio oral, p. 10.
[v] Auto de apertura de juicio oral, p. 10.
[vi] Auto de apertura de juicio oral, pp. 10 y 4.
[vii] De la orden de reconstrucción del recorrido de Rosario Porto, dada por el juez de instrucción el 3 de octubre de 2013; en Cruz Morcillo, El crimen de Asunta (La esfera de los Libros, Madrid, 2014), p. 170.
[viii] Recurso de apelación de la abogada Belén Hospido, p. 8.
[ix] Respuesta del tribunal superior de justicia de Galicia al recurso de apelación, p. 50.
[x] Auto de apertura de juicio oral, p. 11.



