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El jurado dictaminó que Rosario Porto o Alfonso Basterra, de común acuerdo, ahogaron a su hija adoptiva sin ninguna posibilidad de defensa, tras suministrarle una cantidad muy elevada de lorazepam (vendido en España como orfidal), y que tres meses antes ya la habían obligado a ingerir dicho tranquilizante en diversas ocasiones. Para llegar a esa conclusión, confiaron en los informes científicos de los médicos forenses, las expertas en toxicología y los resultados de la autopsia.
En nuestra sociedad la ciencia está idealizada, algo es ‘indiscutible’ porque es científico. En los juicios, sin embargo, el uso honorífico de la palabra ‘ciencia’ puede dejar indefenso al reo frente a un informe forense. Se ocultan cuestiones tan importantes como que los científicos no siempre están de acuerdo, o la posibilidad de que haya científicos incompetentes, deshonestos o simplemente equivocados. Enlace En el caso Basterra-Porto también las aportaciones de la ciencia presentaron algunas peculiaridades.
Algunos médicos forenses con mucha experiencia opinaron que la niña no murió por asfixia mecánica, sino por una parada o restricción respiratoria provocada por el orfidal. Enlace [i] En tal caso, podría tratarse de una muerte accidental y un maltrato fatídico que luego se intentó encubrir. Desgraciadamente, el juez instructor permitió la incineración de la niña y los resultados de la primera y única autopsia no pudieron ser contrastados. Por eso, siempre quedará una duda sobre lo que verdaderamente ocurrió.
Cremación
La funcionaria judicial que entonces trabajaba a las órdenes del juez instructor del caso recordó que al día siguiente del hallazgo del cadáver los padres de la menor se presentaron en el juzgado para solicitar un permiso de incineración. El juez instructor la autorizó.
Una de las forenses que intervino en el levantamiento del cadáver aclaró que el juez instructor no accedió a la incineración sin asesorarse previamente. “El instructor habló personalmente con el jefe de patología y él le dijo que no había problema”, “el cuerpo ya no era útil para una segunda autopsia y habíamos recogido suficientes muestras para cualquier contrapericia que se quisiese realizar”. Enlace
En cuanto finalizó la cremación, la guardia civil procedió a detener a Rosario Porto. El comisario principal Ángel Galán, con amplia experiencia como policía judicial, jefe superior de policía de Extremadura, jefe de la U.D.E.V., unidad central de delincuencia especializada y violenta, y jefe de la brigada central de investigación especializada, entre otras actividades, opinó sobre esa decisión del siguiente modo: «Uno de los errores más graves que hay en este caso es la incineración del cuerpo antes de tiempo. O sea, el no tener el cuerpo ahora para hacer algunas comprobaciones es algo insólito. Yo creo, no me había pasado una cosa de estas en los cuarenta años de investigación que llevo en la Policía. Enlace
El reputado antropólogo forense Paco Etxebarria afirma que esa decisión “sorprendió bastante”, fue “una cosa extraña”, aunque, por educación, prefiere “no calificarlo de error o no”. De no haberse incinerado el cadáver, podrían haberse realizado nuevas pruebas, que tal vez dieran conclusiones distintas, en el apartado de toxicología o en el de criminalística. Si no se encontraron muestras de ADN en las uñas de Asunta como resultado de defensa ante un presunto agresor, tendrían que haber vuelto sobre el cadáver para tomar nuevas muestras en otras partes. [ii] Enlace

Durante un tiempo hubo dudas, y cualquier ulterior análisis forense quedaba imposibilitado por la destrucción del cuerpo. Y esto tiene su importancia. Aunque hoy pocos nos acordemos de eso, hacia el 24 de octubre de 2013, un mes después del crimen, todos los medios de comunicación anunciaron que Asunta había fallecido por asfixia química, es decir, por la ingestión de tranquilizantes en grandes cantidades. “Los análisis de criminalística son concluyentes”, afirmaron; no sin cierta prisa, porque pronto las conclusiones cambiarían.
Una explicación sería que algunos padres recurren al orfidal cuando los niños empiezan a ‘despertar’ en la pubertad, se lo dan a los menores los viernes, los fines de semana, o cuando van a viajar en avión. Según un amigo de la familia Basterra, la madre podría haber sedado a la niña cuando se veía con algún hombre, así se ahorraba dinero en niñeras y canguros, además de ahorrarse explicaciones.
Asunta, pues, una niña delgada a punto de cumplir trece años, muere por parálisis respiratoria o restricción respiratoria por ese fármaco con el que hay que andar con cuidado. A los padres, o tal vez a uno de ellos, se les fue la mano…
Esto habría cambiado toda la tipificación del delito, se trataría de un homicidio por imprudencia grave, no un asesinato, que requiere la voluntad de matar con la concurrencia de alevosía, ensañamiento o ciertas circunstancias agravantes, en este caso, parentesco. Los padres, o la madre, habrían intentado encubrir el accidente, una irresponsabilidad temeraria que nadie les perdonaría, aparentando un secuestro.
En los dos libros sobre el caso no se menciona la teoría de muerte accidental por depresión nerviosa o parada respiratoria en mala posición. De hecho, cuando leí que las expertas en toxicología declararon que la dosis de sunta podía ser mortal, pensé que era una exageración interesada para resaltar la indudable maldad de los padres encausados. Rebuscando en internet, se puede leer que el orfidal es muy seguro. Refieren la anécdota de un paciente con tendencias suicidas que tomó 120 pastillas y no murió, sólo estuvo durmiendo 24 horas. El medicamento se vende con facilidad, precisamente por esa supuesta inocuidad.
Sin embargo, el orfidal, en la concentración en que estaba, sí puede matar, aseguran otros expertos: Provoca una depresión respiratoria con un riesgo, la asfixia posicional, si la niña está dormida como un tronco en una mala postura cuando la dificultad respiratoria le sobreviene, e incluso, en la peor situación, una parálisis respiratoria. [iii] Enlace

A Paco Etxeberria algunos aspectos de la autopsia no le convencieron. [iv] Enlace Como es natural, siempre suponemos que un médico forense es un buen profesional que sabe hacer bien su trabajo: se le puede pasar por alto un detalle, puede cometer un pequeño error de apreciación, sus conclusiones pueden ser aproximadas, pero cuesta imaginar que se equivoque sobre la causa de la muerte. A pesar de todo, el hecho es que la medicina no es una ciencia exacta y los médicos forenses no siempre coinciden.
Opinión informal pero no infundada de Paco Etxeberria: Al comenzar la autopsia los responsables sospechan de una agresión sexual. Pero comprueban que de eso no hay ningún rastro. Al tiempo que observan un edema de pulmón tremendo. Y así, en ausencia de lesiones en el cuello, piensan en una asfixia por sofocación… Enlace [v]
Tras leer una vez más el informe de la autopsia, me quedé como antes. Si los forenses discrepan, los demás, los legos, no podemos decidir ni tan siquiera opinar sobre quién está en lo cierto. Aunque la idea de que Asunta muriera accidentalmente no coincide con los cambios en las declaraciones y los movimientos maternales de aquella tarde. Lo que sí está claro es que la cremación de la niña resulta una verdadera metedura de pata.
Años más tarde, el juez instructor sigue defendiendo su decisión con el argumento de que se guardaron restos de las vísceras y tejidos orgánicos, [vi] Enlace pero se le olvida decir que, aunque se puedan volver a realizar análisis toxicológicos, no existió la posibilidad de discutir la causa real de la muerte ni la cuestión de si la niña fue atada o no. Hay que conformarse con la primera y única autopsia, aunque el método científico exige la oportunidad de repetir varias veces el proceso a fin de corroborar o no la veracidad de los resultados.
Cuando anochece
Si la madre actuó sola y quería deshacerse del cadáver, debía esperar a la noche. El sol se puso a las 20:30, precisamente abandona la finca un poco más tarde. Puede que se quedara mucho tiempo contemplando el cadáver de su hija tras asfixiarla, o más probablemente que la matara poco antes de abandonar la finca, es decir, poco antes de las 20:45. Por la tanto, sin ninguna participación de su ex. Y en ese caso la droga se la dio hacia las seis de la tarde, en su casa y no en la de Alfonso. La sedación provocaría lentitud en la digestión de la comida, lo que explicaría los datos del informe toxicológico. “Ciertos medicamentos, como los analgésicos opiáceos, algunos antidepresivos (…) pueden ocasionar un vaciamiento gástrico lento. Enlace
Según las dos expertas que declararon en el juicio, la muerte se produjo 3 o 4 horas después de la toma de lorazepam, con un “margen amplio”. Más amplio aún si hacemos caso a otro informe elaborado por el instituto nacional de toxicología y ciencias forenses de Madrid: “Hay multitud de factores, además del tiempo, que intervienen en el grado de digestión. Entre ellos podemos destacar el grado de masticación, la naturaleza, fragmentación y cantidad de alimentos ingeridos, la ingesta de algunos fármacos, la ingesta concomitante de diferentes alimentos que interfieren en los procesos digestivos de cada alimento por separado y por tanto modifica su digestión, la presencia de líquido y la naturaleza de los mismos…, el momento de la ingesta de estas bebidas, antes, durante o después de la comida, la propia idiosincrasia del individuo, posibles alteraciones fisiopatológicas del miso, etc., sin olvidar que la digestión puede continuar durante un tiempo indeterminado después de la muerte, todo lo cual hace que la estimación del tiempo transcurrido entre la ingesta y la muerte sea meramente una aproximación y la conclusión debe tomarse con cautela”[vii]. Una rápida consulta en internet muestra que el tiempo de digestión “varía entre los individuos”, “y por supuesto también depende de las características y estado de salud de cada individuo”. Y si no se conoce la hora exacta de la muerte, más difícil será precisar en qué momento tomó el sedante.
¿Y por qué no se sabe a qué hora murió Asunta?
Establecer el tiempo aproximado del fallecimiento es difícil y determinarlo con exactitud es prácticamente imposible.

Al aparecer el cuerpo, los investigadores pensaban en un rapto y violación de la menor; la forense no quiso destruir pruebas aplicando el termómetro por el método habitual en levantamientos de cadáveres, es decir, en dos orificios del cuerpo verdaderamente íntimos.
En la obra «Medicina legal y toxicología», de Gisbert Calabuig, se puede leer lo siguiente: «la toma de la temperatura rectal o vaginal requiere la manipulación del cadáver y de los vestidos, y en casos de delitos contra la libertad sexual se podrían introducir artefactos o pérdida de pruebas o invalidación procesal de ésta. Por ejemplo, el esperma… ¿estaba en la región perianal o al introducir el termómetro se introdujo también el material espermático dentro del recto? La calificación jurídica es bien distinta, si hubo o no penetración, por lo que la localización del material biológico es trascendental. Por tanto, ante la duda, la toma de la temperatura en el momento del levantamiento debe hacerse, bien en el oído, cavidad nasal o, incluso, con los nuevos dispositivos, intravisceral» [viii] .
La forense no la tomó en ningún sitio. Ni en el oído, ni en la cavidad nasal, ni en el hígado. Tampoco se tomó la temperatura ambiente del lugar del hallazgo ni se midió la humedad del lugar. La temperatura corporal de un muerto desciende un grado por hora, un poco más rápido en un cuerpo pequeño y delgado, hasta alcanzar la del lugar donde se encuentra. Habría bastado una simple fórmula.
Entonces, ¿cómo se calculó la hora de fallecimiento de la niña? Los forenses se fijaron en las livideces cadavéricas. Si un cuerpo está tirado en el suelo, las células pesadas de la sangre del plasma tienden a bajar por efecto de la gravedad. En el caso de Asunta se observaron esos depósitos de líquido, que todavía no estaban fijados, lo que significa que, como mínimo, llevaba tumbada en la cuneta tres horas.
Pero ese dato no sirve de nada, porque el cadáver permaneció cuatro horas sobre la tierra antes del levantamiento.
Los forenses trataron de establecer la hora a través del humor vítreo. El problema es que ese líquido se extrajo con una jeringuilla después de que el cuerpo hubiera pasado doce horas dentro de una cámara frigorífica, lo que altera los valores e imposibilita un resultado fidedigno. Enlace
“La investigación siempre estuvo encaminada hacia la acusación de los padres”, “no se veía más que lo que se quería ver y si contradecía lo estipulado, no valía”, opinó la abogada de Alfonso Basterra. Enlace
Ángel Galán, comisario principal, jefe de la U.D.E.V., unidad central de delincuencia especializada y violenta, y jefe de la brigada central de investigación especializada: “El investigador lo que tiene que hacer es saber qué es lo que ha pasado, cuál es la realidad de un hecho.” “Mi gente y yo siempre hemos tenido un objetivo, en todos los casos que hemos investigado: saber lo que ha ocurrido. Porque sabiéndolo puedes buscar al autor. Es muy simple. No puedes confundirte y forzar pruebas para condenar a una persona. Eso va en contra de otra filosofía, que consiste en decir quién es el autor primero y luego se buscan las pruebas contra él. A mí eso me parece una barbaridad y una forma de condenar a inocentes. Enlace
La pista forestal
Un obstáculo para la acusación era el testimonio del propietario de la vivienda más próxima a la pista forestal donde se halló el cuerpo de Asunta Basterra. Era un testigo que por su actitud y confianza también podía considerarse “totalmente creíble”, pero esta vez su declaración resultaba favorable para los imputados. Aseguraba que pasó con su mujer hasta tres veces por el lugar en el que se encontró el cadáver de la niña, y llevaba una pequeña linterna en la mano, alrededor de la medianoche, entre las 23.15 y las 00.15, pero nunca divisaron el cuerpo. ‘Si hubiese estado allí, juro por mi madre que la habríamos visto’, afirmó con rotundidad antes los agentes y más tarde ante el mismo jurado.
Su declaración es clave porque a esas horas, los padres de Asunta, Rosario Porto y Alfonso Basterra, los únicos imputados, ya habían ido a la comisaría a denunciar su desaparición.

Si el testigo y su esposa no la vieron porque suponemos que el cuerpo no estaba allí a medianoche, entonces sólo cabe deducir que alguien, una tercera persona, lo dejó después, cuando los padres estaban acompañados de amigos y agentes de policía.
Toda la consistencia y la sencillez del caso se desmoronarían, aunque también a los investigadores les extrañaba que un cadáver estuviera más de tres horas en un talud de una pista forestal sin que nadie lo hubiera descubierto.
Los testigos habitaban a muy corta distancia del punto donde apareció Asunta y conocían bien el camino. Dos agentes que participaron en el levantamiento del cadáver habían hecho constar en el informe:
«En lo referente al hallazgo del cadáver, destacar la forma y lugar en el que es encontrado, perfectamente visible por cualquier viandante con luz suficiente y muy próximo a una casa habitada…»
Era una noche clara, con luna casi llena, aunque para explicar la ceguera de este matrimonio se sostuvo que el cuerpo descansaba en una zona oscura, bajo un árbol que proyectaba una espesa sombra. Una densa hilera de pinos y otras especies características del bosque gallego se levanta a cada lado del camino. La única luz artificial era una farola a 87 metros de distancia. Las huellas indican que la mujer pasó a sólo 60 centímetros de la niña, que yacía con una camiseta de color blanco.
Bajo las órdenes del juez instructor, la guardia civil realizó una reconstrucción para comprobar si los testigos pudieron pasar por allí sin percibir el cuerpo y éstos no fueron capaces de distinguir una prenda de un blanco más apagado colocada como señuelo. En realidad, el testigo afirmó ante el juez que sí la vio pero no comentó nada porque estaba hablando con un agente.
En el juicio, se proyectaron dos segundos de una oscura imagen del paraje, realizada con una pequeña cámara de vídeo con una sensibilidad de 3200 ISO. Tres años después un documental para una televisión privada usó una cámara con la sensibilidad de un ojo humano a 25600. En esa toma se ve mucho más claro y es difícil creer que alguien pase por allí tres veces sin notar el bulto.
Da la impresión, por tanto, de que la guardia civil no actuó con mucha diligencia en la presentación de las evidencias.
Varios guardias civiles y un policía nacional participaron en la recogida de muestras de tierra de la pista forestal donde apareció el cuerpo y de la alfombrilla del puesto del piloto en el mercedes de la madre de Asunta, con el objetivo de cotejarlas para saber si coincidían, pero los análisis no dieron ningún resultado positivo. “No se encontró tierra de la pista en la alfombrilla”, aseguró el letrado de Porto.” Enlace
Los tres trozos de cuerda naranja que los investigadores localizaron al lado del cadáver de Asunta coinciden con los trozos que aparecieron en el registro de la casa familiar, pero el dato no era concluyente, no se puede confirmar ni descartar que pertenezcan al mismo rollo. La composición es similar pero los cortes no coincidían y esa cuerda se fabrica de manera industrial.
Se encontró también un cuarto trozo de cuerda naranja en la pista forestal, pero lejos del cadáver. Esas cuerdas estaban llenas de pequeños nudos, como si alguien las hubiera usado para entretenerse, no para atar a una niña.
Pero, por culpa de la inepta incineración, hasta eso está en duda. Para Paco Etxeberria, “lo más probable es que no estuviera atada”, en las muñecas no existe ningún tipo de lesión, no hay ningún roce, las cuerdas no tenían rastros de ADN; algunas de las marcas de la niña en la muñeca o el antebrazo eran consecuencia de un reloj grande con una gruesa correa que Asunta llevaba; hay quince lesiones que no se justifican por las cuerdas sino por el efecto del arrastre y la postura en que la niña quedó sobre el suelo, con el cuerpo apoyado sobre el mismo brazo. Enlace
El forense que realizó la autopsia afirmó en el juicio que la niña fue atada de pies y manos, a la altura de los antebrazos, no de las muñecas, pero luego no encontró en su informe ninguna anotación sobre el brazo izquierdo, no guardaba ninguna foto. Enlace
Por desgracia, o por fortuna, todo esto ya no puede ser discutido. Los investigadores del instituto de medicina legal de Galicia se desentendieron del cadáver porque ya no les hacía falta.

El semen viajero
Además de la incineración apresurada, de la renuncia a tomar la temperatura del cadáver, además de los testigos totalmente fiables y los otros, de la información que el jurado debía conocer y la que no, se cometió alguna que otra pifia inexplicable en la investigación.
En la camiseta de Asunta aparecieron unas manchas, y de primeras se pensó en semen. El laboratorio central de criminalística de la guardia civil obtuvo de esos restos el perfil genético de un joven colombiano residente en Madrid. El sospechoso, investigado por una supuesta agresión sexual de la que quedaría absuelto más tarde, tenía una sólida coartada, con tres testigos, el rastreo de la posición del móvil, resguardos de compras, pagos telemáticos y unas fotos de la cena subidas a facebook el día de autos, a 600 kilómetros de Santiago de Compostela. Sólo podía tratarse de un error (aunque todavía hay quien cree que esta persona sí es culpable y que se montó una extraordinaria conspiración para encubrirlo).
Desde el laboratorio central aseguraron que no se había producido ninguna contaminación de las pruebas. Según el juez instructor, se habían empleado las mismas tijeras para cortar el preservativo usado por el joven y los tejidos de la camiseta de Asunta, lo que provocó la confusión.
Esto, sin embargo, carecía por completo de sentido: habían trascurrido cuatro semanas entre una y otra investigación, y las mismas tijeras se habían utilizado en otras ocasiones sin contaminar nada. Todos sabían que nada así podía suceder, pero se prefirió creer lo contrario para no perjudicar el proceso. En su informe el juez instructor explicó que él estaba en una mejor posición que los expertos del laboratorio para entender la situación. Él, por supuesto, conocía más sobre otros aspectos del caso, pero nada le daba una ventaja frente a los expertos para opinar sobre las manchas de semen o las tareas del laboratorio. [x]
Dos especialistas, dos profesores de la universidad de A Coruña, fueron convocados ante el jurado por la asociación Clara Campoamor para señalar que no existe la certeza absoluta y que es posible que haya contaminaciones en la manipulación de unas muestras, pero nunca se desplazaron hasta ese laboratorio situado en Madrid, con lo que salió más barato emitir el informe y evitaron que algún hecho introdujera sesgos en sus conclusiones.
Los científicos de la guardia civil explicaron en el juicio que, en su cámara frigorífica, las pruebas relacionadas con cada una de las investigaciones se conservan separadas por una distancia de tres metros en horizontal, por lo que resulta imposible que el condón “gotease” sobre la ropa. Además, según ellos, a la hora de manipular los objetos aplicaron con rigor el exhaustivo protocolo de desinfección al que están obligados.
La punta del preservativo del tercer sospechoso que no llegó a estar imputado fue recortada el día 4 de septiembre, y con la camiseta de Asunta empezaron a trabajar a partir del Usaron la misma tijera y en ambos casos participó el mismo personal. Pero, tal como declararon estos profesionales, tanto las mesas de trabajo como el material se desinfectan con lejía, y además los utensilios son sistemáticamente sumergidos en alcohol, que a continuación se quema con llama viva. Este quemado se lleva a cabo entre recorte y recorte, y, por si fuera poco, no se localizó esperma del mismo hombre en los objetos relacionados con los otros dos casos que investigaron entre la presunta violación y el homicidio de la pequeña compostelana. Tampoco se detectó ningún rastro similar en las otras 24 muestras de la camiseta de Asunta que se cortaron con las mismas tijeras. Enlace

La contaminación accidental en el laboratorio, la única explicación posible, resulta a la vez de todo punto inaceptable. Por lo tanto, tenemos un misterio más, y que nunca será aclarado.
¿Cayeron restos biológicos de un varón sobre la camiseta de Asunta? En el acta de levantamiento del cadáver se comentaba que había manchas que parecían ser de semen:
«Valorada con luz forense se aprecian manchas ‘prolab digo’, posiblemente de semen en la región cervical y del hombro izquierdo, y en la sisa y región inferior por debajo de la sisa”.
La forense escribió “posiblemente de semen” y luego se desdijo. Tengamos en cuenta que, antes de la autopsia, todos sospechaban que se trataba de una agresión sexual.
Sin embargo, para encarar estos siniestros misterios no hace falta recurrir a rebuscadas conspiraciones, la causa es más simple: equivocarse es humano. Enlace Entre los más doctorados científicos también hay incompetentes, y hasta el más concienzudo forense puede tener un mal día.
Ángel Galán, comisario principal: “No conozco las pruebas del caso Asunta, pero si son las que han salido en la prensa no parece que aporte una cantidad excesiva [de seguridad]. Además, se han dado una serie de circunstancias que dejan mucho que desear.
“Si en la camiseta de la niña han aparecido unas manchas que no tienen nada que ver con el caso es porque se ha producido una contaminación. Eso tendría que anular las pruebas que se han hecho en ese laboratorio porque proceden del árbol envenenado. No ha sido así. Enlace
Bibliografía
[i] Paco Etxeberria en “El caso Asunta”, ETB, minuto 53, 18-12-2016.
[ii] Paco Etxeberria en “El caso Asunta”, ETB, minutos 7 y 8, 18-12-2016.
[iii] Paco Etxeberria en “El caso Asunta”, ETB, minuto 11, 18-12-2016.
[iv] Paco Etxeberria en “El caso Asunta”, ETB, minuto 5, 18-12-2016.
[v] Paco Etxeberria en “El caso Asunta”, ETB, minuto 53, 18-12-2016.
[vi] Paco Etxeberria en “El caso Asunta”, ETB, minuto 6 y 7, 18-12-2016.
[vii] Recurso de apelación del abogado de Rosario Porto, José Luis Gutiérrez Aranguren, p. 30.
[viii] Juan Antonio Gisbert Calabuig, “Medicina Legal y toxicología” (Masson, 2004), capítulo 20, p.244.
[ix] Paco Etxeberria en “El caso Asunta”, ETB, minuto 33 a 37, 18-12-2016.
[x] Mark Guscin, 2018, pp. 121, 122.



