En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Enlace Entre dos hipótesis que compiten, la que tiene menor número de supuestos suele ser la correcta. Enlace

Cuando el juez instructor, deseando tender una trampa a los padres de Asunta, envió precipitadamente a Alfonso Basterra al calabozo –ni siquiera el fiscal tenía claro si los indicios eran suficientes para solicitar la prisión–, ya no podía soltarlo sin más, estaba obligado a acumular pruebas contra Alfonso o a reconocer que él, juez intachable, había cometido un grave error.

Sin embargo, si suponemos que Rosario mató a su hija adoptiva sola, sin la ayuda del ex marido, el caso se vuelve mucho más sencillo, no hay que buscar extrañas motivaciones, no hay misterios. El único punto oscuro es saber si también Alfonso daba a su hija orfidal o era sólo Rosario. ¿Lo sabía? ¿Por qué ninguno de los dos se alarmó al ver a su hija en un estado deplorable? ¿Por qué no la llevaron al médico? ¿Pudo creer Alfonso que la madre suministraba un antihistamínico a Asunta para tratar los síntomas de alergia?

En cambio, al defender que ambos padres actuaron de común acuerdo, nos enredamos en los ‘inexplicables misterios’ del caso Asunta.

Sin móvil

No se ha encontrado móvil para el asesinato. “El móvil del crimen sigue siendo el gran misterio” (noviembre de 2013) Enlace , el fiscal jefe de Galicia reconoce que el móvil del asesinato de Asunta sigue siendo un misterio (2015) Enlace , “los investigadores buscan el móvil del crimen de Asunta” (2018) Enlace , “Asunta, un asesinato sin móvil aparente” (2019) Enlace , “¿cuál fue el móvil del crimen?” (2023) Enlace .

Con la madre, no tenemos problemas para imaginar uno. Rosario era una mujer afectada por una depresión mal tratada, ya que iba abandonando tratamientos y cambiando de psicólogos y psiquiatras según su estado de ánimo, además de arrastrar una enfermedad autoinmune que le provocaba una incapacidad persistente. La hija le suponía una carga excesiva y ella vivía para las apariencias, tal vez no quería realmente a su hija, sólo era un objeto para lucir. O a lo mejor, como pasa a otras madres, sí la quería pero cuidar de ella la agotaba. La víspera del crimen volvió con su amante y se decidió a empezar una vida nueva, libre de estorbos. Alfonso la había obligado a romper esa relación y acariciaba la idea de que volverían a convivir, pero ella tenía otros planes.

El juez instructor propone un motivo “a fin de que la defensa no alegue falta de motivación[i] Enlace ): el asesinato de la niña era un truco para que Alfonso consiguiera tener en un puño a Rosario durante el resto de su vida y aprovecharse de su dinero:

La desaparición de Asunta, de forma violenta y por un plan conjunto, colocaría a Rosario en sus manos definitivamente, y le aseguraría el sustento económico del que carece.[ii] Enlace

Supone que ninguno de los dos padres amaba a su hija, que consiguen ponerse de acuerdo pese a tener motivos opuestos: ella la mata para librarse de ataduras y él para atar a la madre en corto; que toman el mismo día y a la misma hora la decisión de asesinar a su hija, porque cuando uno de los dos lo propone el otro no lo denuncia, y que Alfonso, que sabía que Rosario era una persona muy frágil y atolondrada, le encarga una tarea bastante peliaguda y se fía de la resistencia de ella ante los interrogatorios de la policía. ¡Ah!, y justo el día antes del crimen ella se va con otro para darle a su cómplice donde más le duele, en la frente.

La hija era el lazo de unión más fuerte entre los dos. Con Asunta asesinada, el nuevo vínculo sería el chantaje. Por supuesto, sólo podría amenazar con denunciarla si él era totalmente inocente, aunque el juez instructor afirma en el mismo escrito que los dos la habían matado juntos. Y además en el momento de la denuncia perdería inmediatamente todo su poder y todo su bienestar económico.

¿Hay pruebas de esa planificación conjunta? Y una cuestión previa: ¿hay siquiera pruebas de alguna planificación? No, sólo se puede percibir una descomunal chapuza ideada por alguien ansioso de entrar en la cárcel.

Alfonso Basterra se encargaba de todos los asuntos de Rosario Porto porque ésta era incapaz de realizar las tareas cotidianas más asequibles. Pero la víspera del asesinato Rosario Porto volvió a reunirse con su amante, el hombre casado que Alfonso le prohibía volver a ver como condición para ayudarla. Rosario se inventó una exposición en Vigo ante Alfonso y se soltó el pelo hasta la medianoche. El amante prohibido recuerda que Rosario estaba animada y alegre, como siempre que se veían. Así pues, la víspera del día fatídico, Rosario Porto no se encontraba muy unida a su ex marido.

El hecho de que retomara esa relación justo el día anterior ¿no indica que Rosario Porto podía actuar por su cuenta? Tal como se contó en las últimas jornadas del juicio, Alfonso acudió con Rosario al psiquiatra durante una de sus depresiones y sugirió al profesional que Rosario podía sufrir un trastorno bipolar. Enlace Evidentemente, Alfonso no era médico pero sí conocía a su ex mujer mucho mejor que los facultativos.

Las personas deprimidas suelen pasar por momentos de exaltación al terminar sus fases depresivas. “La hipertimia es un trastorno de ánimo caracterizado por un exceso de la actividad, acompañada habitualmente de cierta euforia, afectividad excesiva, verborrea, hiperfrenia y exaltación.” “Tras una depresión, la persona puede padecer hipertimia durante un tiempo. Este estado se suele presentar con mucha más frecuencia tras una depresión clínica o severa.” Enlace Es fácil de imaginar que, en ese día de vino y besos, paseando por la ría en el barco de su gran amor, Rosario se sintió animada, y tal vez se le ocurrió empezar una nueva vida quitándose de encima algún estorbo. Al perder a Asunta, estaría siempre disponible para aquel hombre casado del que no pedía nada: “¿Podremos vernos mañana? Espero que así sea, porque, para no variar, qué hacer con Asunta me ha costado otro estupendo disgusto con su padre. Ojo, que esto que te cuento es simplemente otro comentario más, no un condicionante de nada”[iii].

Difamación judicial

Aunque algunos indicios apunten directamente hacia la madre, recordemos que Rosario Porto no tuvo derecho a un juicio justo ante un jurado imparcial, tampoco a un trato digno y respetuoso por parte de las instituciones y del juez instructor. Por último, fue condenada a 18 años de prisión, no a morir ahorcada en la cárcel. Alejar 571 kilómetros sin previo aviso a una persona presa con una depresión profunda y aislarla de sus escasas amistades no es la política penitenciaria más adecuada para prevenir suicidios. Enlace

Muchos años después, con ocasión del décimo aniversario del crimen, el juez instructor se sigue mofando de Rosario: “¿Por qué ella se suicidó tras 7 años de prisión? Pues porque ya tenía su primer permiso.” Enlace

Pues no, a Rosario Porto no le habían concedido ningún permiso ni lo esperaba, porque seguía declarándose inocente. Y aunque la ley no imponga esta condición, las juntas de tratamiento exigen a los condenados que manifiesten arrepentimiento y confiesen su delito.

Más grave aún es la siguiente acusación, lanzada en la misma entrevista: “Los padres de Rosario Porto también murieron de una forma sospechosa.”

Pues no, de nuevo. La madre murió en la cama a los 78 años, mientras dormía junto a su marido, que falleció siete meses después, también en la cama, con 86 años. Ninguna de las dos muertes despertó sospechas, nadie investigó nada, y los certificados de defunción se firmaron sin ningún problema. Diez años antes, durante la instrucción, este mismo juez aseguró que esos fallecimientos no se estaban investigando y que no guardaban ninguna relación con el caso.

Dejando a un lado su proverbial discreción, o tal vez la discreción debida a su cargo, el juez instructor, que presume de saberlo todo sobre el caso, se decide por fin a desvelar algunos entresijos del misterioso asunto, eso sí, sin aportar ninguna prueba y con argumentos que parecen sacados de forolerdis o chismourreandor.com. Enlace

Insinúa que la niña sufrió «algún tipo de abusos», sobre los cuales «no queríamos entrar por el hecho de que había que respetar el principio de presunción de inocencia e ir únicamente a aquello de lo que se trataba, que era esclarecer el asesinato. No quisimor ir más allá, el resto son especulaciones.

Lo cierto es que sí lo investigó, con gran empeño, pero nunca se demostró nada, y por eso no aparecen mencionados en ningún lugar del veredicto o las sentencias.

Con ese supuesto parricidio doble y esos presuntos abusos, graves acusaciones sin soporte probatorio alguno, el juez teje una trama de comedia macabra.

De dar crédito a sus especulaciones, Alfonso Basterra intentaría asesinar a Asunta la noche del 4 de julio en su habitación porque Asunta era consciente de los «jueguecitos» del padre. En el momento de la ejecución, duda y le tiembla el pulso, «al mirar a los ojos a alguien cuya vida se está apagando». Se da cuenta de que él, aunque frío y manipulador, no sirve para eso y pone en marcha una nueva estrategia: debe convencer a su ex de que se encargue ella. Como la tiene en un puño porque sabe que Rosario ha matado a sus padres, lo consigue.

Igual que en las novelas baratas, los escenas del enredo no se sostienen:

Alfonso necesita eliminar a la niña para evitar la revelación de tan terrible secreto, sin embargo, tarda 79 días en persuadir a la ejecutora del plan; se trata de “una planificación más sosegada”. Durante todo ese tiempo, no le preocupa lo que la niña vaya contando.

Tiene en un puño a Rosario, porque conoce el sangriento secreto de ella, pero no se aprovecha de su dinero: vive de modo espartano en un minúsculo apartamento, casi de estudiante, sin apenas mobiliario, con una mano delante y otra detrás, trabaja en precario, y deja que ella le engañe con otro.

Entra a las 3 de la mañana en el inmueble, pero los perritos del tercero no ladran.

Actúa de común acuerdo con Rosario, pero le deja la marca de un golpe.

La niña contó el intento de asesinato, pero no reconoció a su padre cuando la estaba estrangulando. (Él sí vio la vida apagándose en sus ojos.)

A Rosario Porto, tumbada por una depresión de caballo, le animaría mucho oír los planes para que ella asfixiara a su hija.

En la denuncia por desaparición, Alfonso habla de ese intruso nocturno sin ninguna necesidad, porque, que él supiera, no existía ningún registro oficial del incidente.

El juez suspicaz

Sin duda alguna, el caso Asunta supuso una gran conmoción. Cuando los investigadores y el juez instructor descubrieron que Asunta había tomado orfidal tres meses antes de morir, y que por esas fechas Alfonso la había llevado mareada y somnolienta a clases de música, cerraron sus mentes a todo lo que no coincidiera con la primera impresión. Movidos por el noble afán de castigar un crimen espantoso, sólo consideraron la posibilidad de que ambos padres fueran culpables y sin darse cuenta forzaron las evidencias y aventuraron todos los supuestos que hicieran falta para meter a Alfonso Basterra en el mismo saco.

Por ejemplo: “Los indicios apuntan a la presencia de dos personas en el lugar del crimen. En primer lugar, se encuentran dos fundas vacías de mascarillas 3M. Se encuentra un par de guantes en el dormitorio donde presuntamente se cometió el asesinato, pero no pudieron ser utilizados porque todavía tenían el precinto. Sin embargo, las cuerdas utilizadas para inmovilizar a la menor no presentaban ADN alguno, luego fue atada por alguien que portaba guantes, dado que es imposible hacer nudos sin dejar células de la mano en la cuerda, lo que indica también la presencia de al menos dos pares de guantes en la habitación, lo que es indicativo de dos intervinientes.

El examen de la Policía Científica, realizado por dos agentes que recorrieron toda la casa de rodillas, no detectó que la menor fuese arrastrada, luego alguien debió ayudar a Rosario a mover el cadáver. El ADN de Rosario sí estaba en los papeles, lo que indica que ella no usaba guantes. Y por último, no tendría sentido que Alfonso tratase de ocultar su presencia si estaba en casa tranquilamente. En otros momentos trató de hacerse visible tan estentóreamente (sic) que deja claro que se trataba de fingir.[iv] Enlace

En primer lugar, no se ha determinado cuál fue el lugar del crimen: como el propio juez escribe: “el dormitorio donde presuntamente se cometió el asesinato”. Una sola persona puede comprar más de una mascarilla y desecharlas a la ligera. Tampoco se sabe si el asesino o asesina de Asunta empleaba mascarilla. Hay un par de guantes sin usar. Según el juez instructor, Rosario no utilizaba guantes porque hay ADN en los papeles de la papelera, pero pudo haberse puesto guantes para hacer nudos y no llevarlos cuando tiró esos papeles en la papelera. Dos pares de guantes de material desechable, uno usado y otro no, no indican necesariamente dos personas, sino el bajo precio de esos guantes.

No se detectó que la menor fuese arrastrada. Tampoco se ha demostrado que la madre no pudiera cargarla o llevarla en brazos, y ni siquiera se ha aclarado si la menor dentro de la casa.

No hay seguridad de que las cuerdas de la papelera fueran del mismo rollo que las encontradas junto al cuerpo de Asunta ni certeza de que la pobre niña fuera atada. Antropólogo forense Paco Etxeberria: “No está probado en absoluto que esa cuerda sirviera para atar a la niña” Enlace . [v]

Si el padre no acudió a la finca, como permite creer la corrección del tribunal superior de justicia de Galicia y más tarde la del tribunal supremo, apoyados en la falta de pruebas; si estaba en casa tranquilamente, entonces no trató de ocultar su presencia, simplemente es que estaba en casa. Aquí no se entiende bien la frase, o el juez instructor estaba tan agobiado al redactarla que se le escapó una barbaridad. Parece significar que, cuando una persona está a solas en su domicilio, debe asomarse a la ventana de vez en cuando o confirmar a los demás que sigue ahí, por si acaso esa tarde hay un asesinato o un atentado terrorista en las cercanías, no vayan a acusarlo a él de haberlo cometido (como le ocurrió a Dolores Vázquez).

En otros momentos trató de hacerse visible tan estentóreamente (sic) que deja claro que se trataba de fingir.” “Pasadas las 21 horas, Alfonso vuelve a activar su terminal telefónico y efectúa tres llamadas a cada teléfono, de Rosario, de Asunta en casa…, incluso una al teléfono de Teo. Sorprende tal actitud (…) las llamadas de Alfonso parecen realizadas para tener coartada”.[vi] Enlace

Tanto sirve de coartada una llamada como diez. Desde las 20:43 Alfonso llama a su ex y no le cogen, prueba con el fijo del piso de la madre, luego con el móvil de la hija por si están juntas, repite con impaciencia la ronda de llamadas dos veces y lo intenta por fin con la casa de campo. Alfonso llama a los teléfonos donde puede localizarla, lo que se realiza apretando cómodamente un dibujito en la lista de llamadas habituales. Esto es de lo más normal en cualquier pareja, ocurre a menudo sin necesidad de “preocupación”, “urgencia” ni de “actividad frenética”. Los repetidores lo sitúan en todo momento en la ciudad de Santiago y en la zona de su apartamento. Por tanto, Alfonso tiene coartada: él no estaba en la finca cuando Rosario oculta a la niña en el maletero.

Ambos imputados afirman que Asunta iba a cenar en República argentina, pero aportando versiones contrarias. (…) Alfonso declara que habían quedado en salir ambos imputados a tomar un vino (…) mientras que Rosario afirma que ella iba a cenar en su domicilio. Como puede verse no coinciden en nada de lo que iban a hacer.[vii] Enlace ¿Pero no tenían un plan desde hacía cuatro meses? ¿No se habían puesto de acuerdo en lo que iban a contar a la policía sobre aquella tarde?

Rosario comentó al juez que Asunta se fue andando primero, porque ella tenía que hablar unas cosas con su padre, para organizar la tarde, y quería fumarse un pitillo, pero no delante de la niña. En cambio, Alfonso Basterra contó que madre e hija salieron juntas de la casa.[viii] Por las cámaras sabemos que hubo un intervalo de siete minutos entre madre e hija. Pero a Alfonso, que charló brevemente con la madre en el momento de despedirse, le pareció, de modo natural, que salieron juntas. Si dejar salir a Asunta sola de casa y con doble o triple sobredosis de orfidal fuera parte de un plan astuto y largamente meditado, Alfonso sería perfectamente consciente del momento de salida de cada una y no habría caído en una contradicción tan tonta. Este error sin importancia indica, precisamente, la falta de un plan conjunto.

El marido de la sospechosa

Antes del juicio se publica en un periódico de amplia difusión un artículo que repasa las cuestiones principales y termina señalando los indicios contra los padres:

“…Y siete indicios contra sus padres

“En contra de los padres juegan muchos indicios. Las distintas versiones sobre el recorrido de Asunta en sus últimas horas de vida. Los papeles en la basura de la casa en los que había ADN de la niña y de su madre. Los guantes en el dormitorio donde presuntamente fue asesinada. Las alfombrillas desaparecidas del Mercedes de Rosario, en el que se habría trasladado el cadáver, y que los investigadores estiman que fueron retiradas por estar manchadas de vómito y orina. Los trozos de cuerda hallados junto al cadáver y presuntamente usados para atarla en vida –tras drogarla y asfixiarla–, y que coinciden con otras encontradas en la casa. Los restos de lorazepam en el vestido de Rosario. O mensajes y manifestaciones de la niña: “Mi madre me da unos polvos blancos.” Enlace

En realidad, si releemos esos indicios contra los padres, comprobamos que no tienen que ver con Alfonso Basterra, sino con la persona que llevó a Asunta en coche a la casa de campo, la última persona junto a la que se le vio con vida.

El juez instructor se apresuró a cerrar la instrucción: dio plazo a las acusaciones para que presentasen su escrito de calificaciones, pero al día siguiente envió otro documento en el que suspendía este plazo: se le había olvidado que por ley antes debe preguntar a las partes si quieren solicitar alguna última diligencia de investigación. Enlace

El mismo fiscal, que no se atrevió a ir tan lejos como el juez instructor, reconoció al presentar sus conclusiones que Asunta pudo haber sido asesinada por una sola persona. El abogado de la acusación particular de la asociación Clara Campoamor insistió en la participación de dos, pero el tribunal superior de justicia de Galicia y el tribunal supremo lo dejaron en una.

Resulta habitual que policías y jueces instructores sientan sospechas hacia alguien y dirijan la investigación según esas sospechas, pero el instinto policial o la intuición del juez no puede sustituir las pruebas. Algunas de las razones que llevaban a los agentes a recelar de Alfonso Basterra son que no había preparado cena para la menor, que no se le ve preocupado en las grabaciones de una cámara de seguridad cuando buscaba a la niña, que comentó a un policía que pensaba que la niña aparecería muerta…

Ese tipo de ‘indicios’ se pueden volver del revés como un calcetín: si Alfonso Basterra hubiera planeado el asesinato procuraría mostrar que había una cena esperando en la mesa.

Si Alfonso baja a la calle y se para reiteradas veces delante de la cámara de seguridad de un banco para hacer creer que buscaba a su hija desaparecida (para crearse una coartada, en la deficiente redacción del auto de apertura de juicio oral), entonces, ¿por qué no se esforzó en aparentar preocupación?

A un agente, tal como explicó en el juicio, esto le pareció inaudito: «Me comentó que pensaba que la niña iba a aparecer fallecida, que esperaba que no fuera de agresión sexual, y que, por favor, no le dijese nada a Rosario para no ponerla nerviosa».Enlace Pero yo ahí encuentro más bien pesimismo y preocupación por su ex mujer, no que se esté delatando. Si sabía lo que había, ¿por qué no comentar que esperaba que la encontrasen sana y salva?

“La hipótesis de la Guardia Civil es que los mensajes enviados los días 20 y 21 de septiembre de 2013 a través de la aplicación móvil «Whatsapp» por los teléfonos de Rosario Porto y Alfonso Basterra fueron borrados, pero no fue posible recuperarlos. Así lo ha revelado el agente que se encargó, durante “meses”, del estudio del material volcado de los teléfonos y ordenadores de los acusados (…).” Enlace

O sea, que es una hipótesis. ¿No algo sustentado en pruebas? Seguro que intercambiaban mensajes por guásap como: “¿Ya te la has cargado?”, “Todavía no, esperando el colocón”, “Ya te dije que pusieras más orfidal”.

«Es sospechoso que Alfonso busque intencionadamente una excusa para ir a su casa, y la única explicación es que en el registro casi inmediato ya no pudo encontrarse su ordenador.«[ix] Enlace Si todo estaba planeado, ¿por qué no lo escondió antes?

«Lo mismo puede decirse de la desaparición de su ordenador, pues durante el registro de su piso se le preguntó, ya se había inspeccionado el de Rosario, y negó tenerlo.«[x] Enlace Si todo estaba planeado, ¿por qué no había limpiado el contenido del ordenador tranquilamente antes del crimen?, ¿por qué no había insertado un disco duro nuevo?

Un último ejemplo de la deshonestidad intelectual que recorre todo el auto. “El día 4 de julio, sorprende que Alfonso, que está enfadado con Rosario, le recuerde que debe tomar la pastilla. ¿Qué pastilla?[xi] Enlace ¿Qué pastilla? El juez instructor sabe perfectamente, porque así se lo manifestó Alfonso en su primera y única declaración, que él cuidaba de Rosario y que la llamaba todos los días para recordarle que se tomara la pastilla de prozac y no se olvidara del orfidal, lo recetado por el psiquiatra. Y en ningún sitio consta que en esa fecha discutieran, sino todo lo contrario, precisamente fue un día de reconciliación.

Cuando marcamos a alguien como sospechoso, todo lo que haga y lo que deje de hacer, lo que diga y lo que no diga, podrá ser usado en su contra. A la periodista Cruz Morcillo, por poner un ejemplo, le parece sospechoso que Alfonso Basterra responda a las llamadas de algunos periodistas y no a las de otros. Nada más natural, sin embargo. También le escama que en esos terribles momentos, tras conocer el hallazgo del cadáver, llame al periódico donde antes trabajaba para pedirle a un antiguo compañero que dejen claro que la niña no ha sido violada ni hay indicios de violencia sexual. Pues a mí que se preocupe de la imagen póstuma de su hija, incluso en esos momentos, que quiera protegerla del morbo y la carnaza, no me resulta tan llamativo.

Puede extrañar que Alfonso Basterra saque con su teléfono móvil siete fotos en el tanatorio buscando un buen encuadre del féretro de su hija, y con ese cotilleo se consigue rellenar un programa entero y atraer a la audiencia. Yo no lo haría, porque soy poco dado a las fotos, no puedo ni imaginarme cómo estaría en unas circunstancias así, pero cada cual es cada cual y, por lo que cuentan, con los móviles han llegado nuevas costumbres a los funerales. De todos modos, no es así como se decide la culpabilidad de alguien: para condenar hacen falta pruebas claras y deducciones rigurosas.

Sinsentido

Hagamos un ejercicio de imaginación. Si una niña adoptada hubiera desaparecido, si una grabación comprometedora mostrara que su padre, un hombre adinerado y en buena posición social con un largo historial de depresiones, la acompañaba poco antes de su muerte, si el padre, señalado por las evidencias, cambiara dos veces de versión sobre sus últimos movimientos…, ¿la policía se hubiera esforzado tanto en demostrar que la madre y ex esposa también estuvo implicada en el asesinato, ayudó y lo planeó conjuntamente?

Los jueces son humanos y a veces, esperemos que no muchas, se equivocan. Sus sentencias, cuando son firmes, se convierten en la verdad jurídica, la oficial, la única que vale. Eso es una ficción que sirve para dar seguridad y fuerza al derecho, pero la verdad, la verdad tal cual, si es que existe, la verdad de los hechos, la simple verdad que a veces nunca llegaremos a conocer, no depende de las opiniones de ningún tribunal.

En el periódico local que cubrió con más detalle y cercanía todos los incidentes de la investigación y el juicio, un periodista comenta tras el veredicto:

“Este es un crimen sin sentido del que no se conoce el móvil. (…) Probablemente, nunca se sabrá por qué este acomodado matrimonio de Santiago asesinó a Asunta tras un macabro plan urdido y orquestado durante cuatro meses. (…) Porque la niña les estorbaba o por lo que fuera, pues los motivos son un secreto que los culpables se llevan a prisión. (…) Porque en aquel mes de junio, sin saber quién convence a quién, deciden acabar con la vida de su hija. Las razones no se explican y en la calle vuelan las hipótesis. (…) Por alguna razón que se escapa de las leyes naturales, practican una serie de macabros ensayos con su hija durante tres meses, para luego darle una dosis casi mortal de Orfidal y asfixiarla, según las conclusiones del veredicto. (…) Sigue sin entenderse por qué lo hicieron.” Enlace

No se sabe, no se entiende, razones sobrenaturales, motivos secretos, sin sentido… No se le ocurre al reportero que nunca se entenderá por la sencilla razón de que es falso que los dos actuaran juntos y el crimen escapa a nuestra comprensión porque el veredicto del jurado es simplemente erróneo e incomprensible. Al periodista todo le parece extrañísimo pero nunca duda de la premisa.


Bibliografía

[i] Auto de apertura de juicio oral, p. 13.

[ii] Auto de apertura de juicio oral, p. 14.

[iii] Cruz Morcillo, 2014, p. 83.

[iv] Auto de apertura de juicio oral, p. 10.

[v] Paco Etxeberria en “El caso Asunta”, ETB, minuto 15 y33, 18-12-2016.

[vi] Auto de apertura de juicio oral, p. 12.

[vii] Auto de apertura de juicio oral, p. 12.

[viii] Cruz Morcillo, 2014, p. 59.

[ix] Auto de apertura de juicio oral, pp. 12, 13.

[x] Auto de apertura de juicio oral, p. 13.

[xi] Auto de apertura de juicio oral, p. 6.

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