Algunos oscuros sucesos rastreados en el pasado de la pareja, concretamente en el último verano de Asunta Basterra, parecen relacionados con el trágico final:

Rosario había sido ingresada por un agravamiento de su enfermedad crónica, un brote de lupus con nuevos y alarmantes síntomas. Alfonso se ofreció a cuidarla imponiéndole la condición de que cortara con su amante. A los pocos días de volver a casa, la noche del 4 de julio, por descuido, Asunta se olvidó las llaves en la parte exterior de la puerta. Por la noche Rosario oyó ruidos provenientes de la habitación de su hija, se levantó y vio a un hombre bajo y de complexión fuerte, vestido de negro, con la cara cubierta y guantes de látex, que estaba intentando estrangular a su hija. Ella le agarró del cuello, él le dio un empujón y salió corriendo de la vivienda. En la habitación de la niña se ocultaba una caja fuerte con joyas y dinero. El agresor desapareció sin dejar rastro. Rosario no llamó a la policía ni a nadie para pedir protección. Sobre este extraño incidente hay diversidad de opiniones.

No hay ninguna prueba de que esto haya ocurrido en realidad y se consideró una fabulación de Rosario Porto o un intento de fabricar una historia que hiciera creíble un asesinato posterior. ¿Justo el día en que se dejan las llaves puestas por fuera un delincuente se ha colado en el edificio? ¿Un criminal ronda por las escaleras esperando a que alguien se deje la puerta abierta para entrar a matar a la primera cría que encuentre?

También se ha supuesto que ella misma la intentó asesinar y tal vez se arrepintió o se acobardó en mitad del estrangulamiento, entonces inventó la historia del atacante para explicar a Asunta lo sucedido, que tal vez no pudo ver nada. Una versión paralela es que Alfonso Basterra se dirigió al piso e intentó ahogarla por su cuenta o de acuerdo con Rosario. Pero no hay ningún indicio de que esto sucediera así, no pasan de meras muestras de imaginación.

No hay manera de explicar por qué la quería matar, ni por qué vaciló en ese momento, ni por qué esperó 79 días a ver su objetivo cumplido, tampoco por qué dejó una marca de golpe en la cara de Rosario si actuaban de acuerdo, ni por qué ella no lo denunció si iba por libre. ¿Confiaba en entrar en la casa y asfixiar a la hija sin que la madre se despertara? ¿Acaso creía Rosario que la policía no sospecharía de ella si la niña aparecía muerta en su casa?

Rosario no quiso denunciar; según ella, para no alarmar a la pequeña. Denunciar un intento de asesinato, sin posibilidad de identificar al asesino, en efecto, no sirve de nada: la policía ya tiene bastante trabajo sin encargarse de crímenes novelescos carentes de huellas o pistas. La mayoría habríamos llamado a urgencias, a la policía o a un conocido que viviera cerca, pero Rosario, según explica, se quedó bloqueada.

Al día siguiente

La madre de una amiga de Asunta, enterada al día siguiente porque la niña lo contó durante una excursión, insistió en que debía denunciar, y al parecer eso llevó a Rosario, quizás de mala gana, a visitar la comisaría. La recibieron dos amables policías nacionales, pero rehusó formalizar una denuncia. Después de esto, no habló de lo sucedido o inventado con sus amistades más estrechas, pero sí con desconocidos: unos instaladores de muebles. Tal vez esa historia hiciera parecer su vida más interesante.

Alfonso Basterra sí quiso denunciarlo, según declaró en el juicio: “se lo dije a Rosario, pero ella me dice que era mejor no ir a comisaría, que por la niña era mejor así, que el hombre iba cubierto y con guantes. Y no se iba a poder identificar”. Enlace Y no es infrecuente que los ex maridos se dejen convencer por las ex parejas, sobre todo cuando la guardia y custodia de los hijos les corresponde a éstas.

Según el fiscal, ningún desconocido accedió aquella noche al inmueble. Se llamó como testigo a la vecina de Rosario, quien afirmó que sus perritos no ladraron aquella noche, aunque lo declarado meses más tarde ¿hasta qué punto es fiable? Rosario afirmó que los perros del tercero no siempre ladraban cuando algún visitante entraba o salía de su casa. Bien es verdad que a los yorkies les encanta alborotar a las cuatro de la mañana si cualquier cosa se mueve por las escaleras. Aun así, para mí, el testimonio de Rosario en este punto puede ser tan válido como el de la vecina. Lo inverosímil es todo el tono del relato.

En las denuncias falsas los denunciantes apenas dan detalles, las declaraciones suelen ser breves: estaba oscuro, llevaba la cara tapada, no dejó huellas dactilares porque iba con guantes, el criminal viste de negro, el color de los malvados. Enlace

Tras este “primer episodio sospechoso”, la niña envío un mensaje de guásap a su mejor amiga: “Estoy nerviosa. Hoy me han intentado matar. A las 4.30”. Unos segundos antes, le había pedido a esta niña que se conectara a las 11.30 de la noche.

Mejor amiga: Y xq tngo que abrir yo?

Asunta: Porque nunca lo hacer Pero yo estaré atenta a esa h Venga Chao

M. a.: Aún no son las 4.30? Y quién intentó matarte?

A.: Mañana te llamo y te cuento. Pro no hables del tema con nadie

M.a.: Llamar?

A.: Porfa si no no confío en ti

M.a.: Matar?

A.: Calla. Mañana. Teño llamadas gratis»

Le pidió que no lo comentara con nadie y le dijo que le llamaría y se lo contaría todo, pero no se llamaron, nunca más habló con esa amiga sobre esto y ella no le preguntó. ¿Tal vez este ataque nocturno no le dejó una impresión duradera? El juez instructor es claro: “Asunta se lo comunicó desesperada a una amiga”.[i] Enlace Las personas normales no somos capaces de percibir la desesperación ni otras emociones en los guásaps porque falta la expresión corporal, gestos, tono de voz… El juez instructor, con su tremenda sagacidad, sí puede.

La pequeña amiga compareció junto con su madre, mostró el mensaje, el juez instructor la interrogó con mimo, con delicadeza (esta vez, sí) pero no sacó nada en claro. Asunta no había vuelto a mencionar nada, la desesperación se le debió de pasar rápido.

Al día siguiente del ataque, durante la excursión de la que hemos hablado, la niña contó con nerviosismo creciente que habían intentado estrangularla. Si esa irrupción en la casa era falsa, como creyó la policía, ¿la hija se dejó sugestionar por la narración de la madre? “Todo esto que te estoy contando es verdad. Me pasó anoche. La niña era yo. Si no me crees, llama a mi madre.” ¿Dice esto para que su madre le ayude a confirmarlo o porque es la madre la que se lo ha contado a ella?

La menor relató que una persona intentó ahogarla, su habitación estaba a oscuras y no podía ver. Según estas palabras de la propia Asunta no estaba drogada, simplemente no pudo ver. Sería necesario saber hasta qué punto han influido sobre Asunta para hacerle creer en el ataque, pero por su angustia al contarlo parece que sí vivió la experiencia.

El 5 de julio Asunta se hizo un retrato con el móvil donde algunos creen ver marcas rojas en el cuello, o una leve sombra rosácea, pero no hay acuerdo, por la falta de calidad de la foto.[ii]

Rumores internos

Al parecer del fiscal, Rosario hizo circular el rumor de que había entrado un asaltante en el piso, que había agredido a madre e hija. [iii] Su tesis es que esa noche la sedaron con orfidal y quizá entre la vigilia y la somnolencia la intentaron matar. ¿Por qué no lo consiguieron? La historia del intruso serviría para dar una explicación a la cría. O, tras otra vuelta de tuerca, con esa historieta que hacen creer a la pequeña sólo buscaban una excusa para suministrarle orfidal.[iv] Pero ¿por qué necesitaban drogar esa noche a su hija? ¿Y para dar ansiolítico a tu hija de 12 años necesitas excusa? ¿No basta con aquello de “lo ha dicho el médico, es por tu bien”? ¿Que te han intentado matar explica que te estén sedando? Y no hay ningún indicio de que Asunta tomara orfidal aquella noche. Al día siguiente se fue de excursión y nadie la notó aturdida.

El juez instructor escribe en el cuarto fundamento de derecho del auto de apertura del juicio oral: “No es posible dudar de que en la madrugada del día 5 de julio alguien intentó asesinar a Asunta Basterra. Pese a que ambos imputados trataron de ocultarlo, Asunta se lo comunicó desesperada a una amiga[v]. Sin embargo, en el décimo, “En la noche entre el 4 y el 5 de julio Asunta, en el domicilio de su madre, fue sometida a uno de los episodios en los que le suministraron medicamento. A raíz de esta circunstancia (sic) Rosrio (sic) hizo circular el rumor de que había entrado un asaltante en el piso, que habría agredido a madre e hija. Así se procuraban una forma de dar explicación a la niña sobre los acontecimientos de la noche[vi]. Enlace Esto parece un cambio de opinión: tratan de ocultarlo y hacen circular un rumor; también le suministran medicamento, aunque este medicamentazo ha salido de su imaginación, no se apoya en ninguna prueba.

El tribunal supremo consideró irreal al atacante desconocido: “así como atribuir un intento de agresión a la menor a un propósito del agresor de asfixiarla (no existe prueba de que el incidente ocurriese)”. Enlace Mejor dicho, ya que el tribunal supremo debe ser siempre preciso: considera que no hay pruebas de que ocurriese, como tampoco hay pruebas de que Alfonso participase.

También es inexacto que Rosario hiciera circular un rumor. Aparte de los instaladores de muebles, Rosario sólo lo contó cuando no tuvo más remedio: a Alfonso, a la madrina, y en dos ocasiones en que la niña lo mencionó ante otras personas. Rosario intentó quitarle importancia siempre que pudo.

Curiosamente ese supuesto intento de estrangulamiento nocturno sucede justo el día después de que Rosario rompa con su amante. Y el asesinato, el día después de retomar la relación. En ambas ocasiones, ¿simple coincidencia?, Rosario acaba de recuperarse de una larga enfermedad. Con la muerte de Asunta podría volver con el queridete o estar siempre disponible para él. Sin embargo, no se llamó al amante a declarar en el juicio: lo que este testigo aportaba sobre el estado de ánimo de la encausada antes del asesinato no era relevante y se quiso proteger su intimidad familiar.

Imaginación judicial

Así pues existen indicios claros de que hubo una agresión a Asunta Yong Fang el día 4 de julio y que en la misma estuvieron implicados ya los dos imputados.[vii] Enlace ¿Indicios claros? Pues debe de tener buen ojo.

 Todo esto ha ocurrido en casa de Rosario, estando ella sola con la niña. De Alfonso Basterra no hay ni rastro, nada que lo relacione, ni los caniches delaten su presencia. Sin embargo, el juez instructor también lo carga sobre Alfonso. ¿Cómo? Muy fácil: después de aquel suceso poco claro, Alfonso desayunó con Rosario y Asunta, lo que no era habitual.

Sorprende que Alfonso acuda precisamente ese día a desayunar a Doctor Teixeiro. No había quedado para nada y Rosario ya no necesitaba ayuda, de hecho ya estaba lo suficientemente bien para viajar y pasar la noche fuera.[viii] Enlace Pero desayunar juntos, cuando viven a cincuenta metros de distancia, con una persona a la que está cuidando y que ha salido del hospital hace cuatro días, ¿resulta tan extraño? Según las declaraciones de ambos, ella le dijo que fuera a su casa.

Lo que sorprende es que ambos imputados dan una explicación que se nota pactada, pero ajena a la realidad. Alfonso afirma que Rosario se llamó a sí misma, lo cual no es cierto pues el teléfono de Rosario, que sorprendentemente tiene actividad hasta las dos de la madrugada, luego no tienen ningún contacto. Alfonso falta a la verdad, lo cual solo puede responder al pacto concertado entre ambos.[ix] Enlace

(Nota al margen: Rosario se lía con el móvil y antes de dormirse se pasa hora y media intercambiando mensajitos con sus amigas; “sorprendentemente”, ya que eso no le ha ocurrido nunca a nadie.)

Alfonso afirma que Rosario se llamó a sí misma y por eso él no recibió ninguna llamada esa noche, pese a tener siempre el teléfono encendido por si lo necesitaban. Efectivamente, Rosario no le llamó, como muestra el registro de su móvil: eso es lo importante. No quiso llamarlo, o en ese momento de tensión no acertó con la tecla correcta. Que Alfonso crea una cosa u otra es irrelevante, lo cierto es que no hay llamada. Si Rosario da una explicación a Alfonso, lo normal es que éste confíe y la repita. De nuevo, es la madre, y sólo la madre, la que cuenta algo inexacto. En cambio, si hubieran querido pactar una explicación, habría sido más fácil para él haber dejado el móvil descargado esa noche; o recibir la llamada y acudir, tampoco eso habría supuesto ninguna traba para el plan.

Estas fueron las palabras de Rosario Porto ante el juez instructor: “Dije: llamo, no llamo… el mamón de Alfonso no contestaba”. Obsérvese el tono despectivo hacia la persona que la tiene subyugada, con la que acaba de cometer un crimen, y de cuya concertación depende para eludir las responsabilidades.

Cuando presentaron denuncia por la desaparición de su hija, Rosario no habló de este extraño suceso a los policías que tomaban la declaración, en cambio Alfonso, como es normal, sí lo mencionó. Esto resultó ser un indicio más para el juez instructor: está intentado aportar pruebas de su inocencia mientras que Rosario calla porque vacila. Naturalmente, si Alfonso hubiera callado, al juez le parecería aún más sospechoso. Rosario calla por lo que sea, pero Alfonso hace sólo lo que era de esperar. De haber cometido ese ataque nocturno, sí que habría cerrado la boca. También extraña que Rosario vacile en contarlo si esta historia había sido preparada por ella tres meses antes para desviar sospechas.


Bibliografía

[i] Auto de apertura de juicio oral, p. 6.

[ii] Mark Guscin, 2018, p. 34.

[iii] Cruz Morcillo, 2014, p. 109.

[iv] Cruz Morcillo, 2014, p. 109.

[v] Auto de apertura de juicio oral, p. 6.

[vi] Auto de apertura de juicio oral, p. 13.

[vii] Auto de apertura de juicio oral, p. 7.

[viii] Auto de apertura de juicio oral, p. 7.

[ix] Auto de apertura de juicio oral, p. 7.

[x] Cruz Morcillo, 2014, p. 100.

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